#VCC2012: Seguridad y Desarrollo, una nota de reflexión

Los sectores más humildes de varios países conservan como preocupación cotidiana el conseguir el sustento de cada día. En Centroamérica esta no es la única preocupación, la inseguridad ha penetrado transversalmente todas sus actividades, convirtiéndose en un flagelo permanente.

Con 54 homicidios por día, 1 delito cada 90 segundos, Centroamérica se ha convertido en la región más peligrosa del mundo. Las pandillas juveniles violentas, se han desarrollado como el producto de conflictos armados internos, sobre todo en Honduras, Guatemala y El Salvador.

Ésta violencia,  ha transformado a la cultura del desarrollo en una cultura del miedo, pasando de una búsqueda del progreso social a través del trabajo a una búsqueda por la supervivencia cotidiana.

La cultura del miedo pervierte la cohesión social promoviendo la desconfianza entre vecinos. Esta forma de vida favorece la autocensura, privando al individuo de sus manifestaciones más esenciales, afectando su trabajo, su formación y hasta la libertad de expresión.

Mientras en otras regiones del mundo los padres de familia buscan empleo, en Centroamérica se cuidan de no molestar a su vecino narco, de que su hijo no sea tomado para la venta y que su hija no sea abusada; ya que recurrir a la justicia puede costarles la vida, por lo mismo hay poca denuncia y de las que se hacen sobre casos de homicidio, sólo el 2% llegan a sentencia.

Sin dejar a un lado, que todos los países centroamericanos están en la lista de abuso laboral infantil, y ocupan los primeros lugares en la mano de obra barata, de miles de niños que trabajan en los campos de cultivo de café, algodón, y otros productos de la región.

De acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas para el Crimen y las Drogas (UNDOC), el desafío de los países del Istmo no es solamente el desarrollo económico; sino que la seguridad nacional entró en juego en forma arrolladora. El costo de la inseguridad en los países de la región alcanza un total del 8% del Producto Interno Bruto (PBI), según estudios del Banco Mundial.

Con poblaciones anegadas de injusticia, jóvenes sin posibilidad de estudiar y padres sin empleo, el narcotráfico comenzó a verse como una solución a corto plazo. Según algunos datos generales, de los cerca de 100 mil jóvenes que integran las maras, el 52% es menor de 18 años.

Progresiva y culturalmente, los pequeños poblados, han ido aceptando esta industria de la violencia y el dinero fácil, y la han incorporado a su ritmo de vida. La cosecha, producción, distribución, el consumo y la venta de drogas forman parte de su vida y economía cotidiana.

Del lado de las soluciones la propuesta de despenalización de esta actividad, emerge en la región, contrapuesta a la ya establecida guerra contra el narcotráfico que impulsa Estados Unidos de América hace más de 25 años. Pero ¿es la militarización estatal la salida a la violencia? ¿La violencia del Estado hacia grupos económicamente poderosos, no intensificará, profundizará y aumentará la violencia? De ser así ¿qué soluciones se pueden plantear para asegurar la región? ¿La legalidad del consumo puede aumentar la inseguridad? ¿La legalidad vía la despenalización de la producción disminuirá costos en prevención del delito, pero nos los aumentaría en salud pública?

La desigualdad social más alta del continente [1], un elevado índice de corrupción [2] en todos los niveles estatales y la pobreza estructural hereditaria, han sido caldos de cultivo para la situación centroamericana. Pensando en el potencial humano, geopolítico y natural de esta cuenca, ¿qué desafíos nos proponemos a superar y cómo?

Estas son las reflexiones a que se convida a los jóvenes universitarios de la región con objeto de compartir diálogo y compromiso.

Publicado por:     @ 7:26 am. @red_espacio.
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